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dimarts, 4 de juny de 2013

No me digas...

Hay frases que odiamos las madres de hijos "especiales" esa gran etiqueta donde entra todo niño diferente al resto, un niño no "perfecto", un niño con problemas de salud a veces leves, muchas veces graves o irreversibles. La gente se siente incómoda ante situaciones así y muchas veces no saben cómo tratarte, qué decirte, cómo reaccionar aunque haga mil años que te conozcan. Nosotros nos hemos encontrado los dos extremos: gente a la que tienes que acabar consolando y gente que piensa que no es nada.

Al primer grupo los llamo cariñosamente "los dramáticos". Son aquellos que te dicen "yo no podría", "si me pasa a mí me muero", "con lo que sufro yo con una simple diarrea de mi hijo" " eres una super mamá". Son frases normales, basadas en la buena fe, pero que a mí me repatean un poco siendo sincera. Uno no sabe lo fuerte qué es hasta que no tiene más remedio que demostrarlo. Me gustaría pensar que todo padre o madre sería capaz de dar la talla en el caso que su hijo lo necesitase. Y si un bebé te necesita nada más nacer, aún más un bebé con problemas. No hay lugar para ser cobarde, ni siquiera para llorar (aunque es bueno hacerlo) sólo hay tiempo de mirar hacia delante y dejar enterradas en la arena las lamentaciones.

El segundo grupo son los "no pasa ná". Te dicen frases como "hay cosas peores" "parece un niño normal y alegre como si no hubiera pasado medio año en el hospital", " todos los niños tarde o temprano sufren", " ya se sabe ser padre es sufrir". Estos son casi peores que los primeros. En su intento por darte ánimos muchas veces banalizan tu sufrimiento, y lo que es peor, el de tu bebé. Más de uno de estos "no pasa ná" son los típicos que después se mueren porque su hijo ha cogido un costipado. Eso sí que tu hijo vaya ya por ocho operaciones, lo hayas visto muriéndose, tenga mil problemas "eso no es ná". Viva la empatía!

Si algo he aprendido en esta aventura de ser madre de un bebé "especial" es que nunca debes subestimar lo que es posible, lo que se puede alcanzar, lo que puede dar de sí la combinación de amor, tenacidad y altas dosis de cabezonería. Las madres y padres que he conocido a lo largo de este viaje tienen un buen cóctel de todo eso.

Afortunadamente, siempre hay un grupo de gente que se encuentra entre los dos grupos. Aquellos que te abrazan en silencio (porque sobran las palabras) en un cumpleaños y lloran contigo, porque entienden tu sufrimiento, aunque lo tengan lejos, porque te quieren. Y el amor sí que empatiza, sí que une, sí que hace que comprendas. Porque a veces lo único que queremos las mamás y papás de niños "diferentes" es que nos den la mano, un abrazo, un "estoy aquí, contigo". Y tener la sensación de que eso no lo hemos perdido, que eso no nos ha sido arrebatado. Y que a cambio nos han dado el secreto de vivir disfrutando de sus pequeñas metas, de su amor incondicional, de sus sonrisas. Y quizás tengan un poco de razón mis queridos "dramáticos" no porque seamos super mamás sino porque nuestros nenes son auténticos super héroes. Eso seguro!


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