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dimecres, 17 d’abril de 2013

El miedo

Llegó el momento tan esperado, tan temido, tan soñado. Llegó el momento de marcar en el calendario los días, de soñar con un futuro de normalidad, en una vida más fácil para todos. Pero llamó a la puerta el miedo, ese ingrato invitado que llega siempre sin avisar, que se instala en tu vida sin que le abras la puerta. Ese que te hace pensar que sería de mi vida sin tí, ahora que ya lo eres todo, ahora que te quiero tanto, ahora que nada tiene sentido si tú no estas.

El miedo es irracional, violento, desgarrador, se apodera de tí y te encierra en un círculo de fuego. Y te quema, te arrasa, te destruye. El miedo es humo espeso que no te deja avanzar, que no te permite ver más allá de tus pies y te ciega. El miedo te atenaza, te envuelve como una sombra, te acompaña de noche, te persigue de día, te ahoga, te hipoteca y te destruye.

Pero por muy oscura y profunda que sea la noche, entre las rendijas del miedo, siempre se cuela pequeños retazos de luz, una luz que no hay que dejar que se apague. Una luz que incluso puede ser más poderosa que el miedo, que se alimenta del amor, que nunca hay que perder. Esa luz se llama esperanza. Esa luz se llama futuro. Esa luz se llama Pol. La esperanza que, aunque mires de nuevo a la muerte de frente, te quedarás conmigo una vez más.