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dissabte, 15 d’octubre de 2011

Haditas buenas

En la uci hay una pared donde cuelgan postales, fotos y cartas de otros papas que han pasado por allí. Muchas días de desesperación, yo me acercaba en busca de consuelo, y me leía una y otra vez todas las cartas, veía las fotos de esos pequeños en sus casas, felices, y me ayudaba a seguir hacía adelante. Ver esas caritas sonrientes junto a un árbol de Navidad, sin cables ni monitores, me hacía recordar que más allá de esas paredes, existía un mundo donde la gente no vive angustiada todos los días por la supervivencia de los suyos.
Siempre recordaré especialmente una de las cartas, en la decía que el personal de la uci eran haditas buenas, que con sus varitas mágicas hacían más llevadero algo tan terriblemente duro como estar en un hospital. Sí, eso es lo que hacen esas haditas buenas de uniforme blanco, que con mucha ciencia y muchísimo amor cuidan de esos seres, muchas veces del tamaño de su mano, y les dan el regalo de la vida. Haditas buenas que cada día miman, cuidan y curan todos los males. Sin todas ellas ( doctoras, enfermeras, auxiliares) mi hijo no hubiera sobrevivido. 
La doctora Ginovart confío en él desde el primer día. Ella era capaz de darte, con su voz dulce, la peor de las noticias con un toque de esperanza. Supongo que hubo días en que incluso ella perdió la esperanza, que veía en sus ojos la desesperación de ver que la vida de mi niño se le escapaba entre los dedos. Pero no dejó ni un sólo de los días de hacernos sentir que era posible el milagro. A ella le debemos la vida de mi niño y eso no hay vida para pagarlo. 
Porque ¿cuánto vale la vida de un hijo? En Estados Unidos mucho, mucho dinero. La gente no es consciente de lo que cuesta un tratamiento de cáncer o tener a un  bebe durante meses en una incubadora pero créenme mucho, mucho dinero. Un piso, de los de antes de la crisis inmobiliaria, a veces, incluso más. Tenemos mucha suerte de vivir en un país donde a la desgracia personal que supone tener un hijo enfermo no se suma una ruina económica. 
En estos días de recortes sanitarios es bueno recordar que sin esta sanidad y estos medios mi hijo no hubiera tenido una oportunidad. En otros países no se toman la molestia de reanimar a un prematuro de menos de 27 semanas, son simplemente, niños demasiado caros de salvar. La mitad de los bebes que he conocido a lo largo de estos cinco meses serían estrellas, a las que nadie les habrían dado siquiera, la oportunidad de brillar.

dijous, 13 d’octubre de 2011

Cuando una estrella se apaga

Ayer fue nuestra primera muerte en neonatos. Se apagó una estrella. Se llamaba Paula. Sus padres le habían llamado así porque en Sant Pau le habían devuelto la esperanza. Pero no pudo ser.
Ayer todos los padres en la uci nos mirábamos con pena, con dolor, pero con una tremenda cara de alivio. Sí, así de cruel y egoísta es el ser humano... de alivio de que no fuera el nuestro. Cuando pienso como estuvimos de cerca de ser nosotros, Pol, tan cerca...
Ayer lloré la muerte de esa pequeñita como no me he permitido llorar por tí. Siempre mirando hacía delante, sin permitirme caer por muy duro que fuera el golpe.
Así es también el ser humano, ante la adversidad se crece y se crece y sigue mirando al frente y levantándose cada día por muy duro que sea. Sigue hablándole a su pequeño a través del cristal, sin poder siquiera coger a ese ser indefenso, dentro de su jaulita de vidrio, apagándose poco a poco. Y sigue cantándole siempre las mismas canciones y diciéndole siempre las mismas cosas y dejándole un muñequito con el olor de su mamá para que sepa que no está sólo. Es capaz de amar con locura a esa cosita tan chiquita que salió de sus entrañas, que le arrancaron antes de tiempo, un pajarillo que se cayó del nido y se quedó herido en el suelo.
De todas esas grandezas es capaz el ser humano. De caer y volver a levantarse una y otra vez. Pero cuando una estrella se apaga, no hay consuelo para unos padres que han luchado hasta el último aliento por su pequeña.

dimarts, 11 d’octubre de 2011

El día que salgamos de la uci

Hoy viajaba en el metro camino del trabajo. Siempre me pasa igual. Imagino el día en que salgas del hospital y me pongo a llorar. No lo puedo evitar. Pienso en ese momento y me emociono tanto...
El día que salgamos de la uci tengo mil planes para tí. Sueño siempre con el momento en que se abran las puertas correderas de Sant Pau hacía la calle y veas el sol. Aunque ya sea casi Navidad y el sol sea tenue. Aunque llegaste en primavera y hemos visto pasar una estación tras otra desde los cristales.
Para nosotros ese día saldrá el sol aunque este diluviando. Será el final de un largo camino. Y pensaré que lo hemos conseguido, que hemos logrado traerte a casa.
Ese día es nuestra victoria y vamos a saborearla como se merece. Y sí, ya lo sé, todavía nos quedan batallas por ganar, pero de momento vamos a disfrutar de tenerte, que ya es mucho. Pienso disfrutar de cada día que pasemos juntos. 
Y ese día ya está cerca, seguro. Ese día se abrirán las puertas de Sant Pau, saldremos a la calle y celebraremos estar vivos, los tres, y estar juntos.