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diumenge, 15 de gener de 2012

Cicatrices

Siempre es la misma rutina: sales de la bañera, te pongo en el cambiador y te voy cantando canciones mientras te pongo la crema. Tienes cicatrices por todas partes, pequeños ríos blancos que surcan tu cuerpo de bebé. Cada una de ellas explica una historia, como decía la mamá de Ada, una batalla de una guerra ganada, un recuerdo doloroso e imborrable.
Quiero pensar que llegará un día en el que serás mayor y no recuerdes nada y sean esas cicatrices tu único recuerdo de que todo esto fue real. Quiero pensar que tanto sufrimiento no te habrá marcado con fuego en el inconsciente, que no recordarás todos los pinchazos, los drenajes, los ahogos y las carreras frenéticas de todos por traerte de nuevo a la vida. Quiero pensar que todo esto será como una huella en la arena, que queda marcada sólo hasta que sube la marea y la borra sin dejar rastro. 
Pero se agolpan los malos recuerdos y se vuelven agua que arrasa con todo a su paso y se cuela por las rendijas de la memoria. Y en días así lloro sin querer y recuerdo que apenas tenías 4 días y pesabas 900 gramos cuando te rompieron las costillas y te las levantaron hacia atrás para poder acceder a la fístula. Y que hubo un día que te estuvieron pinchando durante más de tres horas seguidas porque tenías las venitas reventadas de tanto medicamento y tanta vía. Y recuerdo el día después de mi cumpleaños en que vimos como te apagabas y ni las enfermeras ni los médicos conseguían traerte de nuevo. Delante nuestro, a un metro escaso, te morías sin remedio. O los días en que te mordías los puñitos de hambre. Es muy fuerte para unos padres el hecho de ver pasar hambre a un hijo y no poder hacer nada por impedirlo.
Ojalá sea así, mi pequeño. Ojalá esto sea un mal principio de una vida larga y feliz. Y pienso en las cicatrices que no se ven, las que llevamos tu papa y yo escondidas bajo la piel. No ese surco delgado de la césarea, las que estas más hondo aún, muy a dentro. Es ahora cuando me permito el lujo de pensar en esas cosas porque si lo hubiera pensado entonces me hubiera vuelto loca. Es ahora cuando me permito el lujo de llorar por todo lo que has pasado. Sí, puede que un día con suerte tú no recuerdes nada, que consiga borrarte los malos recuerdos a besos y es entonces cuando para mí subirá la marea y se borrará mi cicatriz.