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divendres, 14 de setembre del 2012

Mi parto

Era un viernes normal. Con mi pequeña barriga paseaba por los pasillos de Sant Pau de maternidad. A un lado madres recién paridas amamantaban a sus bebes, familiares ruidosos felicitaban a padres noveles y al otro lado del pasillo barrigas y más barrigas de embarazos difíciles, madres sin estrenar llenas de miedos, incertidumbres y espera. Éramos las ingresadas por embarazos de alto riesgo, y todo  sea dicho, las mimadas del hospital. 

Dos mundos separados por un largo pasillo, dos caras de una misma moneda, el sufrimiento, la duda, la espera... y las endorfinas desenfrenadas, la alegría de traer una vida nueva al mundo, el amor en su estado más puro. Como la vida misma, cada día amanecía en la maternidad de Sant Pau, con lo bueno y lo malo de eso que llaman vivir.  

Recuerdo el día que salí de la consulta del doctor y me dejaron ingresada. El bebé no crecía, la placenta se deterioraba, el cordón no funcionaba bien... Y los dos desesperados, con cara de pánico, subimos a planta. La auxiliar, que se llamaba Marta y era un amor, me explicaba cómo funcionaba todo allí y yo no podía parar de llorar. Dejó de hablar y me abrazó muy fuerte. Me tocó la barriga, me dijo que todo iba a salir bien. Y yo la creí. El mundo está lleno de personas increíbles, buenas, con ángel...lástima que los malos gritan más alto y se les oye más entre el ruido cotidiano. Además vamos todos tan locos en nuestro día a día, arriba y abajo, siempre contrarreloj, que no nos permitimos sentir, amar, dar y recibir.

Era sobre las 12 cuando vinieron a ponerme las correas de control. Se ponen dos veces al día a las embarazadas ingresadas. Tuve una contracción, un poco más fuerte que otras, y las pulsaciones de mi bebe empezaron a bajar, llegaron a 60. Entonces no lo sabía pero eso era casi parada cardíaca. Mientras la curva de la contracción subía las pulsaciones de mi bebe bajaban. Llamamos a la comadrona, Rosa, que se fue corriendo al médico. El bebe se recuperó y parecía que sólo había sido una bajada puntual. Por si acaso me pusieron una correas extras a la tarde. Cuando casi estaban a punto de sacarlas Pol volvió avisar que no estaba bien. Ya no llamaron al médico y me dijeron que me bajaban a quirófano. No llegaban los camilleros y las auxiliares cogieron la cama y corriendo (como en las pelis) me llevaron al ascensor. 

Yo sólo miraba a Rosa, una comadrona curtida en mil partos, con una cara que era un poema. Verónica ponte de lado, que le llegue bien el oxígeno al nene. Allí ya vi que la cosa no pintaba nada pero que nada bien. Cuando me ponían la vía en el brazo, vi como a Rosa le temblaban ligeramente las manos. 

Me metieron en quirófano y todo fue tan y tan rápido que yo era incapaz de asimilarlo. Tan rápido fue que no me pudieron poner la epidural ya que tarda en hacer efecto y me la pusieron directamente en la médula. Temblaba tanto que uno de los dos anestesistas tuvo que abrazarme para sujetarme mejor y que no me moviera. Me pusieron el oxígeno en la nariz para que le llegara mejor a Pol y me monitorizaron.  El médico me decía: no va a llorar, es demasiado pequeño, los pulmones no están del todo hechos. Es normal que no llore, no te asustes por eso, vale? Vamos hacer todo lo posible. 

El doctor le decía medio gritando a la auxiliar que desinfectara más rápido la zona, que no había tiempo. Ahí sí que pensé, por primera vez, que mi hijo se me podía morir, ahí sentí un pánico desgarrador, como un agujero en el pecho abierto a quemarropa. Hasta que Pol lloró con la fuerza y la energía de un huracán desenfrenado... y comenzó nuestra batalla por la vida

dilluns, 11 de juny del 2012

Ser normal, ser diferente y ser único

A veces, veo la cara de pena de algunos en el autobús, cuando ven la venda en el cuello o el botón de Pol. Son miradas furtivas, algunas con muy mala fe, la mayoría de curiosidad. Tengo ganas de gritarles qué es feliz, como si una cosa tuviera que ver con la otra, como si los padres de niños "diferentes" tuviéramos que justificar ante los demás una felicidad que se nos cree vetada. Pero reconozco que hay días que me hundo... vivir con una fecha, que ni siquiera sabes cuál es, donde tu hijo se juega la vida es muy difícil. Sabes que tú vas dando pasitos y pasitos y más pasitos aunque nunca sabes si a la vuelta de la esquina se encuentra el precipicio más oscuro. En la operación nos jugamos la vida y es inevitable pensar en ello.

A una mujer que ha perdido a su marido se le llama viuda, al hombre viudo, a alguien que ha perdido a sus padres, huérfano. Pero no existe una palabra en el mundo para alguien que ha perdido un hijo porque no existe un dolor más grande para un ser humano.

Cuando un médico te hace pasar a un despacho cuando casi todas las informaciones te las dan a pie de incubadora, échate a temblar. Eran mediados de agosto del año pasado, un día cualquiera, una mañana más con mi batita verde, rodeada de monitores, pitidos y sondas. Nos hicieron pasar a ese diminuto despacho y nos dijeron que nuestro bebé no saldría del hospital con la atresia solucionada. Nosotros siempre habíamos imaginado, en el peor de los casos, salir más allá de Navidades, pero siempre, siempre con nuestro niño sano. Yo estaba obsesionada con eso. 
Supongo que todos queremos que nuestros hijos destaquen, sean diferentes a los demás, sobresalgan entre la multitud... pero qué duro es cuando sólo quieres que tu hijo sea normal...y tú máximo deseo es simplemente que saboree un pastel de chocolate en una fiesta infantil.

Nos permitimos un día de darnos pena de nosotros mismos, llorar nuestra desgracia en silencio, los dos en la cama, con la luz apagada y el corazón ardiendo de pena. Tengo que ser sincera... pensé que no podría con ello, que no seríamos felices, que no podría vivir con algo así. Es curioso, no sabes de lo que eres capaz hasta que no tiene más remedio que demostrarlo. Siempre fuí una persona más bien débil, más bien cobarde, más bien conformista... pero no desafíes nunca el poder de una madre. Lo que una madre es capaz de hacer, asumir y aprender por su bebé va más allá de los límites imaginables. Pero en mi cabeza no paraban de retumbar mil imágenes de todo lo que mi hijo no iba a poder hacer (o eso pensaba yo). Mi hijo no sería normal, no podría ir a la guardería, no podría compartir una comida familiar en una mesa, no podría bañarse en una playa o en una piscina...

Al día siguiente, con una rapidez que aún me sorprende, no sólo ya lo habíamos asimilado sino que buscábamos solución a todos y cada uno de los impedimentos. Le enseñaríamos a comer por boca, lo prepararíamos para cuando estuviera operado, le aplanaríamos el camino con mucho amor, con mucho trabajo, con unas sesiones de recuperación (fisios, logos, mil especialistas) que nos han dejado sin aliento a menudo pero que han merecido la pena. Hoy puedo decir orgullosa que hemos ido derribando todos y cada uno de los muros que  me amenazaron esa larga noche...Pol come por boca, Pol se baña en la piscina, Pol puede ir a la playa... Pol puede hacer todo lo que se proponga en esta vida!!!. Es fuerte como una roca y tiene una voluntad de hierro. Es tan cabezón como su madre... pero cuando la vida te trata así cuando justo acabas de pisar el mundo y tienes que luchar por sobrevivir desde el primer aliento… quizás sea lo mejor.

Es curioso que no recuerde su carita al nacer, me lo acercaron unos segundos cuando salió y se lo llevaron corriendo a neonatos. Pero recuerdo con una nitidez asombrosa ese llanto duro y fuerte con el que vino al mundo. Con sus pulmones de un quilito lloraba con una fuerza tan indescriptible que sólo cerrar los ojos puedo volver a sentirla.

Realmente puede que no seas normal, al menos no desde los estandares sociales y desde luego eres diferente... pero para mí, hijo mío, eres simple y llanamente...ÚNICO



diumenge, 6 de maig del 2012

1 anyet

Avui ja és 6 de maig i a les 7 del vespre farà un any que tot a la meva vida va canviar de velocitat. Primer una hora angoixant esperant que el Pol aguantés com fos fins la cesària. Després una operació amb un quilo escàs de pes que no va anar bé, complicacions, més complicacions, 6 mesos d'ingrés a la UCI, 7 operacions en total, uns mesos de juny, juliol i agost que no desitjo ni a la pitjor persona d'aquest món, una parada cardíaca quan et tenia en braços amb una reanimació eterna (hi ha una cosa pitjor que se't mori un fill? Sí, que ho faci als teus braços i no hi puguis fer res), ofecs constants durant mesos, alarmes, sondes, monitors, punxades, anàlisis, molta feina i preocupacions un cop a casa, més complicacions, més dificultats, ... però en tots aquests mesos no hi ha hagut ni un sol dia que hagi desitjat canviar-te per cap altre nen, mai he desitjat canviar-me per cap altre pare, ets especial, portes la màgia dins, sempre somrius i fas feliç a la gent, es nota. 
No us penediu de nosaltres, tenir el Pol entre nosaltres és una sort que fa que cada dia et miris la vida amb els ulls d'un nen il·lusionat. No us penediu d'ell perquè és feliç i no hi ha res que el pugui tombar. Penediu-vos de la gent que tenint-ho tot, no sap gaudir de la vida i que sempre es fixa en allò que no acaba de sortir del tot bé, penediu-vos dels que no miren la vida amb ulls de nen, penediu-vos dels que porten massa temps sense riure, sense estimar. 
Avui el Pol farà un any que va néixer i va canviar per sempre més unes persones que faran el que sigui per retornar-li una part del tot els que ens regala. 
FELICITATS campió, seguim lluitant plegats i aquesta és la millor notícia que puc escoltar ara mateix. De fet és la única que vull escoltar per sempre més. 
Avui fas 1 any de vida, t'espero l'any vinent per fer el segon plegats, no faltis a la cita, jo no ho penso fer.
T'estimo Pol.

dissabte, 21 d’abril del 2012

Mi fortuna

Hay una parte de mí que se siente estafada, que siente que le han robado algo muy íntimo, muy especial, muy único... mi maternidad, mi lactancia, mi parto, mi alegría de vivir despreocupada y loca, sin saber lo que es la muerte, el dolor profundo, la enfermedad. Hay una parte de mí que maldice mi mala suerte, que piensa por qué a mí, por qué a él, por qué a nosotros. 

Éramos felices, desde la inconsciencia de la cotidiano, desde la rutina gris que con esa capa de humo te envuelve sin permitirte apreciar tu día a día. Hasta que te lo quitan, te lo arrebatan, te lo arrancan de cuajo y te quedas como un trapito roto que ya nadie quiere. Envuelta de un dolor amargo que se te mete en la piel y en las entrañas.

Hay una parte de mí que se siente afortunada... de tenerle a él. Lo importante en la vida no es lo que te suceda, es como actúes para superarlo. Él es mi motor y mi fuerza. Esa personita que vino a ponernos la vida del revés, para hacernos más valientes, más fuertes, más humanos. Esa personita que ilumina con una sonrisa allá donde va que deja una estela de magia como rastro. Él es único y es mío. No lo cambiaría por nadie en todo el universo. 

Yo a cambio sólo te pido una cosa, pequeño, que cumplas la promesa que te pidió mamá a pie de incubadora, que la muerte no te lleve antes que a mí, que mis ojos no tengan que llorarte.















diumenge, 15 de gener del 2012

Cicatrices

Siempre es la misma rutina: sales de la bañera, te pongo en el cambiador y te voy cantando canciones mientras te pongo la crema. Tienes cicatrices por todas partes, pequeños ríos blancos que surcan tu cuerpo de bebé. Cada una de ellas explica una historia, como decía la mamá de Ada, una batalla de una guerra ganada, un recuerdo doloroso e imborrable.
Quiero pensar que llegará un día en el que serás mayor y no recuerdes nada y sean esas cicatrices tu único recuerdo de que todo esto fue real. Quiero pensar que tanto sufrimiento no te habrá marcado con fuego en el inconsciente, que no recordarás todos los pinchazos, los drenajes, los ahogos y las carreras frenéticas de todos por traerte de nuevo a la vida. Quiero pensar que todo esto será como una huella en la arena, que queda marcada sólo hasta que sube la marea y la borra sin dejar rastro. 
Pero se agolpan los malos recuerdos y se vuelven agua que arrasa con todo a su paso y se cuela por las rendijas de la memoria. Y en días así lloro sin querer y recuerdo que apenas tenías 4 días y pesabas 900 gramos cuando te rompieron las costillas y te las levantaron hacia atrás para poder acceder a la fístula. Y que hubo un día que te estuvieron pinchando durante más de tres horas seguidas porque tenías las venitas reventadas de tanto medicamento y tanta vía. Y recuerdo el día después de mi cumpleaños en que vimos como te apagabas y ni las enfermeras ni los médicos conseguían traerte de nuevo. Delante nuestro, a un metro escaso, te morías sin remedio. O los días en que te mordías los puñitos de hambre. Es muy fuerte para unos padres el hecho de ver pasar hambre a un hijo y no poder hacer nada por impedirlo.
Ojalá sea así, mi pequeño. Ojalá esto sea un mal principio de una vida larga y feliz. Y pienso en las cicatrices que no se ven, las que llevamos tu papa y yo escondidas bajo la piel. No ese surco delgado de la césarea, las que estas más hondo aún, muy a dentro. Es ahora cuando me permito el lujo de pensar en esas cosas porque si lo hubiera pensado entonces me hubiera vuelto loca. Es ahora cuando me permito el lujo de llorar por todo lo que has pasado. Sí, puede que un día con suerte tú no recuerdes nada, que consiga borrarte los malos recuerdos a besos y es entonces cuando para mí subirá la marea y se borrará mi cicatriz.



dijous, 24 de novembre del 2011

Ningún sitio como en casa

Por fin llegaron las noches en blanco, las ojeras, el ir corriendo a todos sitios, el no poder ni respirar e ir como los locos... por  fin somos padres a jornada completa con sus alegrías y sus miserias.

Quizás los dos eramos unos inconscientes pero jamás nos permitimos pensar que te pudieras morir, ni en el peor de los días dejamos de tener fe en tí, no sé si eso te ha salvado, sólo sé que a nosotros fue lo que nos mantuvo en pie. No sé si hubiera soportado salir del hospital por segunda vez, con las manos vacías de nuevo. Sólo sé que volvería a pasar por todos y cada uno de estos días en el infierno sólo para que tu fueras mi hijo y yo pudiera ser tu madre. Supongo que todos los padres se sienten orgullosos de sus hijos pero no puedes ni imaginar cómo lo estamos nosotros. Has luchado desde el minuto cero, has desafiado a todos los que daban la batalla por perdida, has roto las estadísticas... has vencido mi pequeño héroe. Siete operaciones y seis meses después nos fuimos por fin a casa.

Y como en mis sueños se abrieron las puertas de Sant Pau, lucía un sol radiante y salimos a celebrar que estamos vivos, que estamos juntos, los tres... i que tinguem sort i que la vida ens doni un camí ben llarg!!!